• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Angola

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Antonio Ecarri Angola

¿Laberinto hacia el abismo?

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La ausencia temporal o absoluta del presidente Chávez, que constituye un hecho incontrovertible para todo el mundo, menos para los inefables magistrados del TSJ, tiene consecuencias impredecibles tanto para el Gobierno como para la oposición, y ninguna de las partes en conflicto debe mirar esta situación con alegre desparpajo, bajo riesgo de que ocurra un desmadre de proporciones apocalípticas.

No se trata de asumir el papel de “profeta del desastre”, pero al ver el tratamiento que se le da a la inevitable transición, que está en marcha inexorablemente, se nos hiela la sangre ante tamaña irresponsabilidad de quienes están, querámoslo o no, en el liderazgo de la nación. 

La mayor responsabilidad en esta crisis tiene que asumirla y moderarla, aunque se mantengan por razones tácticas como “ultrosos” en la “política del micrófono”, los directivos del PSUV. Y aunque parezca sectario, hay que decir que en la dirigencia opositora vemos más ponderación y recato en discursos y declaraciones sobre estos temas tan álgidos, aunque no están, por cierto, obligados a actuar con tanta prudencia.

Ciertamente, la oposición, sin pretender desestabilizar, debe “arrugarle” un poco más la cara a un gobierno que se ha saltado a la torera todo el ordenamiento jurídico vigente, sin que se le note el sonrojo en las mejillas. Y la violación del Estado de Derecho sigue, con las potestades que usurpan, sin solución de continuidad en una cadena de disparates, los capitostes del régimen.

La oposición sensata, que hace vida política en la MUD (que, dicho sea de paso, ha cometido errores muy gruesos y sonoros, pero... es lo que hay) entiende que ha comenzado un proceso de transición sin retorno. Esta circunstancia, sin embargo, no significa que debe sentarse a “coser y cantar” creyendo que el mandado está hecho por la ausencia del caudillo de Sabaneta. Debe mantenerse unida, hoy más que nunca, sin permitir que se desaten los “demonios” de las ambiciones personales o de grupos sectarios.

Ahora bien, en la acera del chavismo la situación tampoco es como para ver esta crisis sin tomar en cuenta a la mitad de Venezuela, que se le opone, como si no existiera. Me parece muy torpe e indigno que la cúpula del oficialismo trate temas de tan alta factura política sólo con la dupla gobernante en Cuba y de espaldas a todo el país, incluso buena parte de su propia dirigencia. Todo lo cual se hace intolerable de cara al tradicional patriotismo venezolano de vastos sectores de todo el espectro político, sin excluir, por supuesto, a buena parte del oficialismo.

Conozco a muchos dirigentes del “proceso” que resienten el hecho de ver a Cabello, Maduro y señora, Ramírez y el yerno de Chávez, en tratativas cupulares con los cubanos sin tomarlos en cuenta. Si eso pasa con la dirigencia del PSUV, con sus opositores es mucho peor. Por más auspiciantes, creyentes de diálogo y reconciliación que sean estos últimos, van a verse obligados, por esa irresponsable actitud oficial, a asumir posturas mucho más radicales, y allí es donde podemos comenzar a transitar el camino sin retorno hacia la violencia que auspician los “ultrosos del micrófono”, de ambos bandos, que, paradójicamente, no van a ser las víctimas propiciatorias del desmadre apocalíptico, pues siempre tendrán la previsión de encargarles la riesgosa “tarea” a los más ingenuos.

No pretendemos ser alarmistas, sino previsivos para quienes quieran oír. Hacemos votos por que prive el sentido común que, lamentablemente, a veces es el menos común de los sentidos, para que este laberinto no conduzca a toda una nación, fatalmente, al abismo de una confrontación inútil. No olvidemos que hoy los españoles, por ejemplo, lloran infructuosamente por una guerra civil que no supieron evitar y que dejó el saldo, imposible de restañar, de ¡1 millón de muertos! Por todo ello, apostemos por el diálogo… así no quieran oír.